Grup Aribau

5. LA “HISTORIA DE JOSÉ”: ¿UNA NOVELA EJEMPLAR DISTINTA DEL RELATO PATRIARCAL Y JUSTIFICACIÓN DEL ÉXODO DE EGIPTO Y DEL RETORNO A PALESTINA DEL ‘PUEBLO’ DE ISRAEL?

1. La historia de José (Gen 37-48) es completamente distinta por su estructura y su ambientación de todo el montaje de la invención fundacional israelita/judaica patriarcal. No es, como ella, una macedonia de diversas narraciones y episodios sino una “novela ejemplar” incrustada textualmente en la épica patriarcal, pero completamente desgajada del pretendido guión original de la justificación patriarcal de la “Tierra Prometida”. Respecto a las otros relatos patriarcales, este relato josefina es el menos ligado a la Palestina original y terminal. Los únicos ligámenes los compuso la tradición postbíblica del origen del personaje y del traslado y de la sepultura de su cuerpo embalsamado, desde Egipto hasta Siquem. José es también la figura menos ligada al panorama tribal: su eponimia de la pareja de tribus Efraím y Manasés es secundaria, y tiene motivaciones históricas. 

2. El relato de José es la justificación de la ida y venida del pueblo de Israel de Egipto. La venta de José como esclavo, por sus hermanos ‘patriarcales’, a unos ismaelitas o madianitas, su traslado a Egipto y su ascensión de esclavo a consejero y visir del faraón, es una buena narración novelística y ‘ejemplar’. Fue colocada en la secuencia patriarcal porque se prestaba especialmente a plantear y justificar los presupuestos de la gran gesta del Éxodo desde Egipto y el ‘regreso’ a Palestina de los fundadores y antepasados de Israel, que, además y en Egipto, se habían convertido en un verdadero ‘pueblo’.

3. No faltan paralelismos relacionados con el hecho material de la venta de esclavos palestinos en Egipto, paralelismos que pueden hallarse en tiempos del Bronce Tardío, época en la que la “cronología bíblica” sitúa el relato de José. Hay textos ugaríticos que son testimonio de ello. Pero se trata de situaciones habituales y a unos hechos recurrentes. Egipto fue el mayor mercado de esclavos asiáticos a lo largo de toda la historia antigua. Pero, en cambio, en el episodio del José bíblico, encontramos todo otro panorama. En él encontramos muchos de los valores morales que aparecen en las diversas versiones del Libro de Ester y, como él, descubrimos algo muy propio de los tiempos del imperio persa.

En esta coordenada de las novelas ‘ejemplares’ hay que recordar la historia de Ahiqar, en la corte asiria, pero redactada muy posteriormente, en el siglo V, en la que aparece el sabio que desde unos orígenes muy humildes llega a ser consejero y visir de Esarhaddon; la historia de Democedes (en Herodoto 3, 129-137), médico griego trasladado como esclavo a la corte de Darío y, luego, elevado al rango de comensal del rey; y la historia de Daniel, en la Biblia, ambientada en la corte del último rey de Babilonia, pero bastante más tardía en cuanto a su redacción, igual que José, mediante la interpretación de los sueños misteriosos del rey, Daniel se libra de una suerte miserable y se convierte en primer consejero del rey.

4. Casi todos los biblistas están, hoy, de acuerdo en dar la “novela ejemplar” del José bíblico una datación posterior a la cautividad babilónica, Subrallan su carácter sapiencial, basado en el hecho de que es la sabiduría de José la que lo hace superar las adversidades y ascender al poder: sabiduría a la hora de interpretar los sueños, pero también a la hora de oponer casta resistencia a las proposiciones de la mujer de Putifar y, sobre todo, a la hora de disponer unas medidas económicas que salvan a Egipto de la hambruna (Gen 41, 18-21). 

Respecto a este último punto, es útil la comparación con otro sabio famoso del siglo VI, Tales, que según la tradición que no conoció Herodoto. Nótese que las competencias de los dos sabios son análogas, pero que la actuación de uno y otro se adecua a unos modelos bien distintos: Tales actúa en su propio beneficio y utiliza los procedimientos de la economía de mercado, mientras que José actúa en beneficio del estado y utiliza los procedimientos de la economía distributiva. El resultado de la actuación administrativa de José consiste en una concentración de todas las tierras en manos del faraón, salvo las de los sacerdotes, como se encarga de recalcar el redactor (por supuesto perteneciente a ambientes sacerdotales, asegurándose así la autonomía económica del templo respecto a la administración imperial. En este sentido, la historia de José y su ejemplaridad son un relato etiológico y explícitamente marcado como tal por el comentario “que todavía hoy subsiste” (Gen 47, 26).

5. A propósito de la pregunta: “¿Cómo es que, en Egipto, todas las tierras son nominalmente propiedad del faraón, y sus posesores son sólo concesionarios obligados a contribuir con un canon bastante elevado?”. La respuesta es dada desde un punto de vista claramente asiático, propio de quien estaba acostumbrado a que la cesión de los derechos de propiedad por parte de los particulares se produjera normalmente bajo las restricciones impuestas por unas condiciones económicas extremas, que la legislación ‘utópica’ del jubileo tendía a evitar. La historia de José, que propone su “novela ejemplar”, presupone, pues, la presencia de importantes núcleos de emigrantes palestinos en Egipto, pero están integrados en un mundo de estructuras y costumbres económicas muy distintas y, consecuentemente, no puede haber sido concebida ni redactada antes del siglo V y, casi, seguro, en el ambiente exílico babilonio.

Jaume González-Agàpito

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