LA TRISTE FILOSOFÍA DEL SIGLO XX: 3. HISTORIA, CIENCIA Y TRANSCENDENCIA CRISTIANA

  1. Wilhelm Dilthey (1833-1911) era mayor qué los dos fundadores de escuela Cohen y Windelband,y excedía casi en una generación a Troeltsch, que había intentado algo parecido con menores posibilidades. Goethe murió el mismo año en que nació Dilthey. A pesar de ello, su influencia fue mucho más profunda en el pensamiento comtemporáneo que la de los otros.
    1. El renacimiento de la pedagogía lo debemos a sus discípulos. Su influencia alcanzó a casi la totalidad de las ciencias históricas. Heidegger hizo suyo y radicalizó el concepto de hermenéutica, que Dilthey había tomado de Schleiermacher; y al discípulo de Heidegger, H. G. Gadamer, en su obra “Verdad y método” con las líneas fundamentales de una hermenética filosófica (Tubinga 1960) abrió el camino para una filosofía ‘hermenéutica’ propiamente tal y hay que considerarlo también como un discípulo y seguidor de Dilthey.
    2. La obra de Dilthey, aunque fue apareciendo de marnera fragmentaria, tiene, sin embargo, una unidad impresionante. El primer tomo de su obra principal, “Introducción a las ciencias del espiritu”, apareció en 1883. A este primer tomo tenía que seguir un segundo, que nunca apareció en la forma que Dilthey había planeado. No obstante, se puede afirmar con B. Groethuysen que todo lo que el autor hizo después «no fueron sino tentativas para continuar lo que había dicho en la Introducción a las ciencias del espiritu.
    3. De modo que, a pesar de todas las modificaciones que experimentó su pensamiento en el último decenio de su vida, lo que el autor nos dice sobre sus intenciones, en el prólogo a ese primer tomo, puede considerarse vàlido para toda su obra. El lenguaje del prólogo tiene un marcado acento neokantiano. También aquí se atirma, frente al «poderío creciente del conocimiento natural», el«punto de vista crítico>, que tiene que ser a la vez el de toda ciencia moderna. El título en que había pensado primero el autor, “Critica de la razón histórica”, pone en primer plano el sentido subjetivo-trascendental, o sea kantiano, de la posición que adopta.
  2. Pero la realización de esta inmensa tarea no iba a tener únicamente como objeto ampliar la obra de Kant en una dimensión que le era desconocida.
    1. Dilthey se consideró también como el ejecutor filosófico de la escuela histórica, que hasta aquel momento, no había tenido toda la repercusión que merecía,
    2. El suelo firme para esta investigación de los fundamentos no lo buscó en un sujeto trascendental bien provisto de categorías, sino en la «experiencia interna», en el hecho de la conciencia traída a primer plano por la reflexión. Sólo la vida conoce la vida. No se puede pasar más allá del contexto vital que es vivenciado de manera inmediata por el viviente.
    3. Este conocimiento de la vida histórica a partir de la vida histórica que, viviéndose, se sabe a sí misma, lo llamó Dilthey ‘comprensión’; y sobre esta base de la filosoia de la vida se pone, a buscar las líneas fundamentales, no sólo de una teorìa de la razón histórica, sino también de una estética, de una pedagogía y de una psicoiogía descriptiva distinta de aquella explicativa, entonces tan en boga.
  3. La filosoffa ‘histórica’ de la vida no es una filosofía en el sentido tradicional del término, y mucho menos una metaffsica, en la cual Dilthey coincibiría con los neokantianos al considerarla como una forma periclitada del pensamiento humano. La filosofía no es para él sino una creación más del espíritu entre otras muchas.
    1. De ahí qué la forma de pensar que él introduce y que él elige como primer objeto de su ‘comprensión’, esa creación del espíritu, ha de considerarse como «filosofia de la filosofía» o, más aún, una «filosoffa de las filosofías»”.
    2. Se aplicaba a las diversas concepciones del mundo, y precisamente por ello, no la presentaba a ella misma como una concepción del mundo. «La raíz última de una cosmovisión es la vida», afirmaba Dilthey. Pero la vida es histórica y, por lo tanto, deseaba ofrecer algo estable, como un ‘flujo’ imagen heracliana que forjó Georg Simmel para su propia filosofía de la vida.
    3. Filosofar sobre una concepción del mundo era, para Dilthey, interpretar una actitud de conciencia qué brota del fondo de la vida. Tanto esta actitud como La idea que la ‘comprehende’ han de ser consideradas como constituidas y determinadas históricamente.
  4. Però, ¿no enterraba Dilthey con ello toda pretensión de verdad? ¿No sucumbía su propia doctrina de la «concepción del mundo» a la absoluta relativización históríca de la que eran objeto las filosoffas de las concepciones del mundo de la tradición filosófica? No se veía condenado ese historicismo a sufrir el destino de todo escepicismo, o sea a caer él mismo al hacer sucumbir a las demás teorías?
  5. Dilthey distinguía tres tipos de concepciones del mundo que podían coexistir en la historia.
    1. Pero él mismo se dio cuenta de que con ello no quedaba soslayada definitivamente la dificultad. Dilthey, sin embargo, no se inquietô nunca demasiado por la falta de base de su posición, ni su determinación de mantenerse firme frente a «las ruinas de la fisolosofía»: se vio afectada por el ‘pathos’ nihilista de la filosofía de la existencia. La razón de todo ello hay que buscarla en las convicciones que animan su filosofía, aunque no alcance una articulación explícita.
    2. En su lección inaugural pronunciada en Basilea el año 1867, decía Dilthey, que el movimiento poético y filosófico alemán de su épica, intentaba fundamentar una visión del mundo y de la vida en la que el espíritu alemán se hallase satisfecho.
    3. Consecuentemente, Schelling, Hegel y Schleiermacher no habrían hecho otra cosa que interpretar lógicamente lo que de manera intuitiva había sido ya dado por los poetas: Lessing,Schiller y Goethe. Las condiciones históricas de esta visión de un mundo, habían quedado en parte atrás pro no han periclitado, como tampoco el espìritu alemán.
    4. Pero afirmaba Dilthey que «Nadie sabe cuán gran espíritu, provisto de mejores medios, comenzará a construir este mundo de ideas». Sin embargo, parece que esta continuación se realizarà por el camino crítico que abrió Kant como cienciade la “experiencia del espíritu humano»”. Este mantiesto presenta un programa del que no se aparta en nada decisivo de la obra realíizada durante de medio siglo. Sería, pues, equivocado ver en el pensamiento de Dilthey un historicismo radical, para el que la relatividad histórica de todas las creaciones humanas hace imposible toda pretensión de viabilidad.
  6. Dilthey no deja de tomar partido ante los tres tipos de concepciones del mundo que él mismo señala.Sus simpatías no se orientaba hacia el naturalismo del idealismo de la libertad, sino que más bien se decidió por el idealismo
    1. Dilthey para asegurar y fundamentar las más altas convicciones sobre la relación del hombre con lo invisible y esta «nueva forma» afirmaba que no era sino un precedente de las posteriores conquistas del «movimiento alemán».
    2. A pesar, pues, de no tener de la religión una idea específicamente cristiana, era Dilthey un cristiano de la «llustración»; y, a pesar de su defensa de la historicidad y de sus tendencias conservadoras en política, puede ser considerado como un liberal tardío leno de fe en la ciencia.
    3. Nada de esto le parecería exacto al conde P. Yorck y Wartenburg, un amigo de Dilthey gue se hizo famoso merced a la correspondencia que mantuvo con el filósofo. Siempre se ha repetido que en el círculo de amigos de Dilthey fue Yorck el más radical desde un punto de vista filosófico.
    4. Para Dilthey, la Reforma no era más que un peldaño previo al«sistema natural de las ciencias del espíritu»; para Yorck, por el contratio, la estauración de la auténtica experiencia cristiana de lo divino basada en la doctrina de la justificación de San Pablo. Nada de un suave teísmo; Yotck pensaba que Dios es, ante todo, omnipotencia. Las ideas platónicas no eran para él sino el «caput mortuum de la capacidad intuitiva de los griegos», productos de aquella «ocularidad», a la que solía oponer un voluntarismo que entendía como lo específicamente cristiano.
    5. Dilthey simpatizaba con Zwinglio; Yorck se basaba en Lutero. Sin embargo, desde un punto de vista filosófico, la diferencia radical entre ambos pensadores estribaba en que Yorck, para evitar las aporías del relativismo histórico, escogió un camino que Dilthey, más docto, había cerrado ya en la Introducción a las ciencias del espiritu al negar toda cientificidad a la «filosoffa de la historia» “. Yorck, poco sensible a los escúpulos de Dilthey, se construyő una filosofía de la historia en el sentido de una ideología luterana. Pero, de hecho, este pensador solitario de Klein-Oels iba «más lejos» que el gran profesor de Berlín, más lejos en la dirección de la paradoja de la historia del ser.

Jaume González-Agàpito

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