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RENZO FRATINI ES YA HISTORIA

1. En el año 1972, hace 47 años, conocí a Renzo Fratini. Era piadoso, aplicado, reservado y callado. Al presidente de la escuela diplomática de la Santa Sede, Mons. Felice Pirozzi, le preocupaba ese ‘chico’ procedente del Seminario Romano, con su talante propio y que todavía, después de dos años en la Pontificia Accademia Ecclesiastica, guardaba muchas de las aprensiones de aquel clero ‘diplomático’, que al presidente no le gustaba y que algunos llamaban “los Nuncios de Mussolini”.

Renzo Fratini, es marcheggiano, y nació en Macerata el 25 de abril de 1944. Recibió la ordenación presbiteral el 6 de septiembre de 1969. Cinco años después, en 1974, ingresó en el servicio diplomático de la Santa Sede, el mismo año que lo hice yo.Desempeñó diversas funciones en el cursus diplomático vaticano en FranciaJapónNigeriaEtiopíaGreciaEcuadorIsrael yTerritorios Palestinos. En este último destino tuve ocasión de visitarlo, en Jerusalén. El 7 de agosto de 1993 fue nombrado, por el Papa San Juan Pablo II, arzobispo titular de Botriana y nuncio apostólico en Pakistán. Fue ordenado obispo por el cardenal Secretario de Estado, Angelo Sodano, el 2 de octubre del mismo año. Posteriormente fue nuncio en Indonesia (1998-2003), enTimor Oriental (2003-2004) y en Nigeria (2004-2009). El 20 de agosto de 2009, día de San Bernardo de Claraval, el Papa Benedicto XVI, lo nombró nuncio en España y en Andorra.

2. Los casi diez años de Fratini en la Nunciatura en España han sido años de paz y de ausencia, casi total, de grandes conflictos. Después de Federico Tedeschini (1921-1936) nuncio en las dos dictaduras y en la II República; Federico Cortesi (1936), quenunca tomó posesión; Silvio Sericano, encargado de negocios ad interim (1936) que hizo lo que pudo en los primeros meses de la Guerra Civil; Isidro Gomà i Tomás, (encargado de negocios ad interim (1936-1937) le siguieron. Gomà era el Cardenal Primado de las Españas. La ordenación episcopal de su auxiliar Mons. Gregorio Modrego Casaus, en Tarazona, lo dejó en la “Zona Nacional”. Luego Mons. Ildebrando Antoniutti fue encargado de negocios ad interim (1937-1938) y en Salamanca restableció la Nunciatura en España ante el Gobierno del General Franco. Le sucedió, ya como nuncio, Gaetano Cicognani (1938-1953), que preparó, entre otras cosas la firma del Concordato entre la Santa Sede y España de 1953. Después fue nuncio Ildebrando Antoniutti (1953-1962), en los “buenos tiempos” de las relaciones entre España y la Santa Sede en el pontificado de Pío XII y en el pre-Concilio. Mons. Antonio Riberi (1962-1967) que, venía de la China Nacionalista, vestido de chino y con barba, representó las nuevas coordenadas del pontificado de San Pablo VI, él buscó a Mons. Marcelo González Martín como arzobispo coadjutor de Mons. Modrego en Barcelona. Luigi Dadaglio (1967-1980), representó, con su buen hacer ‘diplomático’ respecto a Francisco Franco y a su esposa, el intento de ‘restaurar’ en los parámetros de Pablo VI, el episcopado español en las líneas conciliares. Antonio Innocenti (1980-1986), quiso ser la encarnación de los parámetros de San Juan Pablo II en España. Mons. Mario Tagliaferri (1985-1995), que después de ser nuncio en Cuba y en Perú, durante casi diez años quiso ser en España la relectura juanpaulina del Concilio Vaticano II. Lajos Kada (1995-2000), en una época no muy feliz en las relaciones entre la Santa Sede y España. Manuel Monteiro de Castro (2000-2009), portugués tradicional, muy devoto y completamente restauracionista de la Iglesia más atávica. Y, luego, Mons. Renzo Fratini (2009-2019). Fratini ha brillado por su discreción, por su aparente no conflictualidad y por su gran acomodo a las líneas de la Iglesia española en las variantes de dos muy diversos presidentes de la Conferencia Episcopal Española. Mons. Renzo Fratini no había sido nunca una persona demasiado comunicativa. Fue, en España, tan reservado y tan personal que algunos de sus más inmediatos colaboradores creían que era vano esforzarse en hacerle entender lo que “un italiano delle Marche mai potrà capire”.

3. Pero, precisamente al final de su periplo español, Fratini habló por primera vez claramente y expuso su pensamiento respecto a un asunto algo embarazoso: “Tenemos que ser buenos y no resucitar a Franco, menos aún si no se cree en la resurrección”. Palabras parecidas a éstas y otras que las acompañaban causaronla ira socialista del gobierno provisional de Sánchez contra el bueno y, casi siempre callado, Sr. Nuncio Apostólico. La locuaz Vicepresidenta incluso amenazó con castigar a la Iglesia Católica española con “unos impuestos iguales a los que paga en Francia y en Italia”. Esta buena señora, con todo, no sabía que en Francia,desde casi el mismo inicio del siglo XX, la Iglesia fue desposeída de casi todo su patrimonio ‘inmóvil’ y que Francia es un estado tan malo que se ocupa de gestionar la conservación y larenovación de casi todas las iglesias de la República Francesa. En Italia, las relaciones Estado – Iglesia van por otros caminos que sería muy largo explicitar a la Sra. Vicepresidenta.

La buena diplomacia del actual Secretario de Estado de la Santa Sede, sin embargo, incluso con una nota escrita y descalificadora de las últimas declaraciones al respecto del ya ex-nuncio en España y el gran sentido común del Papa Francisco, arreglaron bastante la situación en un momento delicado de la política interna española.

El que venga a substituir a Renzo Fratini tendrá que asumir una situación que ha tropezado con la sepultura y la exhumación, en la basílica del Valle de los Caídos, de Francisco Franco. Una cuestión, el sacar de allí su cuerpo, que se decidió en la Cámara de Diputados. Pero, 44 años después de la muerte de Francisco Franco, todavía es espinosa y algo complicada. No se trata de ‘resucitar’, ni de volver a ‘enterrar’ para siempre a Franco, como interpretaba Fratini, sino de algo más sencillo y conflictivo. El próximo Nuncio de Su Santidad el Papa Francisco en España, ha de saber, ahora, donde está y lo que debe decir y lo que debe callar.

4. Mons. Renzo Fratini es ya una parte de la historia de la Nunciatura en España. Muchos hemos encontrado a faltar en él algo que ayudara a poner en su lugar la Iglesia en un estado constitucional, pero algo complicado, como es el Reino de España. Alguien que, como Mons. Antonio Riberi, intentara poner la Iglesia española en la línea del Concilio Vaticano II;  alguien que, como Mons. Luigi Dadaglio, en los parámetros de San Pablo VI, intentara renovar el episcopado español español en las líneas conciliares, pero, en plena dictadura;  alguien, como Mons. Mario Tagliaferri, que intentara comprender el problema de Cataluña y se hiciera presente en ella. También alguien que no hiciera como Mons. Antonio Innocenti, Mons. Lajos Kada, Mons. Manuel Monteiro de Castro y Mons. Renzo Fratini que, como perfectos curiales, se limitara a ser el funcionario que, en España, representara el ‘poder’, pre o anti conciliar, de un Papa que cuidaba de que los obispos, los párrocos, las curas, los diáconos y los religiosos fueran fieles a la relectura del Concilio Vaticano II que se impuso casi durante 25 años y que Benedicto XVI y el Papa Francisco han intentado repensar y remediar.

El Nuncio Apostólico no lo es todo en la Iglesia de España, pero sí que es una importante causa segunda. Y Dios, mediante las “causas segundas”, muchas veces algo comprometidas y algo discutidas, hace caminar a la Iglesia hacia donde él quiere. Ya lo dice el salmo 126, 127 de la Masora judía: “Nisi Dominus ædificaverit domum, in vanum laboraverunt qui ædificant eam.. Aunque los que siempre ‘vigilan’ la polis para que no se ‘tuerza’ presenten en el mismo salmo su argumentación, también divinamente transcendente: “Nisi Dominus custodierit civitatem, frustra vigilat qui custodit eam”.

Jaume González-Agàpito

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