Grup Aribau

ZAQUEO: “BAJA ENSEGUIDA”

Parroquia de Pedralbes

La Misa dominical

Sugestiones de Mons. Jaume González-Agàpito para la plegaria y para la preparación individual

Año Cdomingo 31, 3 de noviembre d2019

Sap 11, 22 – 12, 2; 2Tes 1,11 – 2, 2; Lc 19,1-10.

1. “Señor amigo de la vida (déspota filóphyche)”.

Es una afirmación maravillosa la de que “Dios ama todo lo que ha creado”. Más aún: “no has hecho nada sin amarlo”. Demasiados cristianos, no pueden o no quieren creer esto, a causa de los innumerables males que afligen al mundo y a la sociedad. El libro sapiencial De la Sabiduría, escrito sólo 150/100 años antes de Cristo y quizás en la misma Jerusalén, refleja el cúlmen del pensamiento de Israel que se ha encontrado con la civilización helenística (la cultura dominante en su tiempo). Dios es visto no antropomórficamente, sino sumamente transcendente (el mundo ante él es una mota de polvo que casi no nota la balanza más precisa o una lágrima de rocío que cae al amanecer). Dios no es el furor de la Ley, ni el “Motor inmóvil”. Es gracia del amor comunicado, como cantó Agustín de Hipona. Su omnipotencia es justamente la causa de su misericordia: “Justamente porque todo lo puedes, tienes misericordia de todos (eleeîs dè pántas hóti pánta dynatai) y apartas la mirada de los pecados de los hombres, para que puedan arrepentirse”. Él no puede odiar. Si algo hubiera odiado, no lo hubiera creado.

Pero, ¿y los que se resisten a este amor misericordioso? “Dios les enviará un ‘poder’ que los extraviará y les hará creer la mentira. Así serán condenados todos los que no han aceptado la verdad y se han complacido en el error”. Este poder de Dios somos nosotros mismos, los cristianos. Es nuestra fe. Nosotros somos el juicio de Dios sobre mundo.

2. “Para que seamos librados de los hombres malignos y malos”.

“Dios  […] os ha escogido como primicias para que obtengáis la salvación por el Espíritu que santifica y por la fe en la verdad”. Así, Dios nos libra de la mentira de fuera de la Iglesia y del malvado fariseismo intraeclesial.

La ‘mentira’, ahora, pulula en nuestra sociedad occidental y a la que hay que oponer la fe en la Verdad. Callar es crimen de lesa majestad hacia Cristo. Esa jerarquía que tanto se lamenta y tanto calla, esos cristianos que se disfrazan para no ser reconocidos y asienten a lo que es pura negación de la doctrina de Cristo, serán, seremos, juzgados de acuerdo con esta regla.

La salvación nos viene del Espíritu que santifica y hace de nosotros el objeto del amor misericordioso de Dios todopoderoso, el único que puede convertir a los pecadores en justos y santos. ¡Basta del fariseismo actual, que como el judaico, pone la salvación en la mera observancia, haciendo así santos a todos los puros “observantes” de algunas prácticas que ha ideado algún iluminado! En la historia de la Iglesia hay muchos fariseos autosantificados que no son “como ese publicano”. Pero también hay, muchos más quizás, los publicanos que han sido transformados en justos por la gracia misericordiosa del amor de Dios: “El Hijo del hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido”, no a plegarse a la murmuración de los “santos observantes” escandalizados porque se aloja en casa de Zaqueo o se deja tocar por María Magdalena.

3. “Bájate enseguida”.

Quizás nuestra corta estatura moral y ética nos ha hecho pensar que, para ver a Jesús, hemos de subirnos a un sicómoro. Desde allí podemos ver, sin ser vistos. Jugar a ser seguidores de Jesús, sin comprometernos, ni comprometer a los de nuestra ralea. Zaqueo, rico y jefe de los publicanos, pensó lo mismo. Pero la omnipotencia misericordiosa del Logos encarnado tiene otra dinámica: “Zaqueo, bájate enseguida (Zakchaîe speúsas katábethi)”. Esa orden de ir hacia abajo (katà – bethi) es la de siempre: “Quien se humilla será ensalzado”. Sólo cuando reconocemos nuestra verdadera condición, de ricos publicanos y de jefes de la iniquidad y damos pruebas de verdadera conversión, cambiando de vida y de meta, podemos oír: “Hoy ha entrado la salvación en esta casa; porque también este hombre es hijo de Abraham”.

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