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LA INSPIRACIÓN DIVINA DE LA BIBLIA

1. La Bíblia fue y es para muchos cristianos Liber in quo totum continetur. Su unidad un postulado. Su inspiración divina un presupuesto. Su canonicidad un hecho, dificil de determinar a quo y per quem, pero una realidad en la Iglesias ortodoxa, católica, ‘orientales’, luterana, anglicana y en todas las vinculadas con la Reforma protestantes.
El concepto de ‘inspiración’ divina de los libros bíblicos es algo sostenido, pero, no siempre entendido y comprendido por los cristianos de esas Iglesias. Significa un ‘dictado’ oral o interior de Dios que revela el texto en su literalidad, en sus palabras y en su lengua ‘original’? Pues, parece que no.

2. El concepto de ‘inspiración’ de los textos bíblicos significa que esos textos escritos por seres humanos están íntimamente conectados con Dios, que actúa como causa eficiente, a través de una causa instrumental humana, y que recibieron una supervisión y una garantía especiales del Santo Espíritu, de tal manera que lo que se dice en el texto bíblico, es ‘revelación’ de Dios.
La palabra ‘inspiración’ proviene del latín inspiratio y del verbo inspirare: significa “soplar en” o “re-spirar”. En el llatín clásico significaba “respirar profundamente” y, figuradamente, “infundir algo en el corazón de otro”.

3. El texto bíblico se considera que es inspirado directamente por Dios. Esto no es en forma de un dictado literal, como ya he dicho más arriba, pero ser en forma de un dicho o en la forma de un fragmento mayor. Se trata, en realidad, de una ‘inspiración’ divinamente asistida y garantizada, que permite que el autor utilice su propio estilo y su genio personal, pero que asegura que el autor no cometa errores. En estos parámetros la Biblia se considera inspirada ‘verbalmente’, y, por tango es revelación infalible.

4. Las contradicciones evidentes en el texto y los malentendidos de la Biblia son o errores de copiadores o la incapacidad de la exégesis de dilucidar los misterios de Dios o la afirmación de que son pasajes que se refieren a asuntos diferentes. Así los defensores de la inspiración verbal presentan la inspiración de la Bíblia. Esta es la doctrina oficial de muchas iglesias protestantes.
Los teólogos liberales y más ‘progresistas, en cambio, niegan la inspiración como la fuente principal de los textos bíblicos. Dichos textos serían, en realidad, solo creaciones de personas, devotas y religiosas, que creían saber muchos sobre Dios en relación con los hombres, pero muy poco sabían sobre Dios mismo.

5. En la Iglesia católica existen varias corrientes teológicas, pero la posición oficial es que la Biblia está inspirada en forma general y no verbal. La Biblia tiene que ser vista en el contexto histórico y a la luz de la tradición católica.

6. En la sesión IV del Concilio de Trento, celebrada el 8 de abril de 1546, 108 padres conciliares establecieron como criterio de la auténtica fe cristiana las Sagradas Escrituras (juntamente con las tradiciones apostólicas), enumeraron sus libros con precisión, cortaron de raíz las pasadas dudas sobre los textos deuterocanónicos y zanjaron Ias discusiones de la época sobre algunas partes de la Bíblia.
Son importantes las palabras que el Concilio de Trento antepone a la enumeración de los libros bíblicos. Se pone, en el centro, el Evangelio prometido en las escrituras proféticas del Antiguo Testamento, promulgado por Cristo y predicado, luego, por los apóstoles (DS 1501).

7. La Iglesia está necesaria y perpetuamente referida a este anuncio de salvación, predicha por los profetas, proclamada como actual por Jesucristo y difundido, el mensaje, en el mundo por los apóstoles. Las comunidades cristianas están llamadas a exarminarse a la luz del gozoso anuncio del amor salvífico de Dios revelado en Jesucristo.
Pero para hacer posible el contacto de las generaciones siguientes con el Evangelio están los libros bíblicos y las tradiciones no escritas (DS 1501). Por eso el Concilio, «siguiendo el ejemplo de los Padres, acepta y venera con la misma piedad y respeto todos los libros del Antiguo Testamento y del Nuevo, ya que ambos tienen en Dios su único autor, asi como las tradiciones relativas a la fe y las costumbres, en cuanto emanadas de Cristo o dictadas por el Espíritu Santo y conservadas, con sucesión continuad, en la Iglesia católica» (DS 1501). El Concilio define el carácter normativo de la Biblia en función con su contenido evangélico. La Biblia es norma para la Iglesia en cuanto testimonio escrito del Evangelio.
La Bíblia escrita tiene origen divino. La Biblia tiene, pues, valor normativo para la comunidad cristiana porque contiene el Evangelio y porque es su testimonio inspirado y, por tanto, infalible y garantizado por Dios.


8. De ello se sigue que el valor de la Biblia es puramente funcional. La Biblia hace de puente entre los creyentes y la realidad evangélica que funda su fe; pone en un contacto creativo el pasado del acontecimiento evangélico, prometido en la historia del pueblo de Israel y realizado en Cristo y en la Iglesia apostólica, con el presente de las comunidades cristianas llamadas a adherirse a él con fe y con amor, La referencia normativa al pasado no debe entenderse como pura repetición, reproducción mecánica o copia ‘insípida’. Al contrario, el encuentro y la confrontación implican un proceso de actualización vital y creativa: la experiencia apostólica se transforma en experiencia nuestra, una experiencia propia de nuestro tiempo.

9. Però, Hay que subrallar una limitación del decreto del Concilio de Trento: concibe el Evangelio en clave unilateralmente doctrinal, «como fuente de toda verdad salvifica y de la disciplina de las costumbres» (DS 1501). El ConIlio Vaticano II adopta una perspectiva distlnta: pone el acento en la revelación divina en cuanto acontecimiento de automanifestación de Dios en Cristo (DV 2). El Evangelio no es primariamente un arsenal de verdades enseñadas por Dios, sino un acontecimiento de gracia ocurrido en la historia humana.
La Biblia es su testimonio privilegiado por haber sido escrita bajo la inspiración divina. Por tanto, para las Iglesias cristianas, la norma es la persona de Cristo tal como fue interpretado, creido y amado por las comunidades apostólicas.. La Biblia nos pone en contacto con Jesucrist: con su palabra, su vida y su presencia como resucitado gloriosos, través de la reticula de la experiencia del cristianismo primitivo.


10. El número 21 de la constitución del Concilio Vaticano II Dei Verbum, comienza recordando un dato objetivo: «La Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras y el cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el Pan de Vida, tanto de la palabra de Dios como del cuerpo de Cristo, sobre todo en la liturgia». La comparación con la Eucaristía expresa de modo eficaz la alta estima de la Biblia. Y, además, hay la afirmación central: «La Iglesia siempre ha considerado y considera la Escritura, junto con la sagrada tradición, como la regla suprema de su propia fe». La Biblia, inspirada por Dios, constituye la referencia última y la instancia más alta y decisiva. A ella están subordinadas las otras reglas de la fe cristiana, incluido el magisterio (DV 10).


11. Por tanto, la Biblia no es sólo una norma externa que regula la vida de la Iglesia, sino que es, sobre todo, en virtud de la presencia del Espiritu Santo en su inspiración, en su proclamación y en su escucha, una fuerza eficaz de salvación. No es simplemente un libro, un texto que habla a la mente del lector, una comunicación literaria de contenidos intelectuales o devoció ales. En su anuncio y en su escucha, incluso en su lectura, se realiza un nuevo Pentecosrés: “e1 Espiritu se hace presente para perdonar, renovar y santificar”. En este aspecto, no se puede decir que el cristianismo es una “religion del libro”, por mas que la Biblia tenga un gran valor y un gran peso en la vida del creyente. El cristianismo, como nos dijo, mil veces, el Papa Benedicto XVI, es una ‘revelación’ de Dios en la persona de Cristo Jesús.

Jaume González-Agàpito

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