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PIUS PARSCH: APÓSTOL DE LA LITURGIA Y CANÓNIGO REGULAR DE SAN AGUSTÍN DE KLOSTERNEUBURG(1)

En la Navidad de 1957, tenía yo 16 años no hacía demasiado cumplidos, compré, en la Librería Herder de la Calle Balmes de Barcelona mi Liber Usualis Missae et Officii que conservo todavía en el anaquel de mi escaño del coro. Junto a él está, también, otro libro que adquirí aquella misma fría mañana de diciembre: El Año litúrgico de Dom Pius Parsch. Este pequeño, pero grueso volumen, traducido del alemán por el P. Eufrasio Carretón, de la Abadía de Silos, fue, en mi postadolescencia y primera juventud un fiel compañero en mi descubrimiento de la liturgia de la Iglesia latina. Que Pius Parsch era canónigo regular me enteré casi cuarenta años más tarde.

Aquel libro mucho me ayudó a preparar las solemnidades, las fiestas, los domingos, el Adviento, la Cuaresma y la Pascua, durante mis primeros años de seminario. Luego, siempre lo llevé conmigo. Casi siempre lo consulté, incluso después de la llamada reforma litúrgica. Lo leo, todavía hoy, con fruición.

Cuando me volví más “erudito”, acudí al Année Liturgique, de Dom Prosper Guéranger y al Liber Sacramentorum, del cardenal, ahora beato, Alfredo Ildefonso Schuster. Ambos con más pretensiones literarias. El primero una verdadera cantera de fuentes litúrgicas y, el segundo, de una erudición histórica y arqueológica muy superior, aparentemente, al libro de Parsch. Pero, ni uno ni otro, me daban la unción, el cariño, la claridad y la sagaz penetración que hallaba en el Año Litúrgico de Dom Pius. Descubrí, luego, que, Parsch, sabía mucho más de lo que decía, insinuaba lo que no quería o no podía decir claramente y que, su obra, era una arma mucho más potente para crear, como creo que hizo en mí, una forma mentis, en un aprendiz a clérigo, o simplemente, en un cristiano que quería tomar en serio la validez del culto de la Iglesia como referencia principal para su vida espiritual.

También, he de reconocer, que esa obra me vacunó, para siempre, contra ese liturgismo de raíz francesa que bajo el mote de “pastoral litúrgica” ha sido, no pocas veces, el agente difusor de lo que, en casa y de manera jocosa, llamamos el morbus galicus.

Pius Parsch[1] (Johann, en el bautismo) nació, el 18 de mayo de 1884, en una pedanía llamada Neustift, cerca de Olmütz (Moravia). Su padre era un pequeño comerciante de clase media. Su familia era de origen alemán y profundamente cristiana. Después de cursar las humanidades en un colegio de su ciudad natal, ingresó el 28 de agosto de 1904 en el noviciado de los canónigos regulares de San Agustín en Klosterneuburg (Austria), donde, al primer contacto con la vida coral, se avivó en su espíritu el gusto y el sentido litúrgicos. El año mismo de su ordenación sacerdotal (1909) en la catedral de San Esteban de Viena, los superiores le destinaron, hasta 1913, como coadjutor, a la parroquia de María Treu, siguiendo la vocación específica de la Orden Canonical que es precisamente el aunar a la vida contemplativa, el trabajo pastoral. En 1911, obtuvo el grado de doctor en la Universidad de Viena. Al estallar, en 1914, la Primera Guerra Mundial, era ya profesor, en su propio monasterio, de Teología pastoral y cooperaba en la formación de los novicios, a quienes explicaba los salmos y el Oficio Divino. En mayo de 1915, fue movilizado, como capellán militar del ejército austriaco, y marchó al frente.

Terminada la guerra y de nuevo en su monasterio, se dedicó de lleno (como había hecho Dom Lambert Beauduin en Mont-César, inspirado por dos grandes maestros, el Beato Columba Marmion y el cardenal Mercier, desde 1909[2]) a la ardua empresa del movimiento litúrgico popular, que absorbió su actividad durante 30 años, y que ha hecho de él uno de los pilares de la renovación litúrgica en la Iglesia católica.

Algunas de sus obras más importantes son[3] (damos sus títulos en castellano), a parte del El Año Litúrgico; Breviario explicado dentro del espíritu de la renovación litúrgica; La renovación litúrgica; La Santa Misa en su historia y en su liturgia; Explicación del Misal; La predicación litúrgica (diez tomos); Vida de Jesucristo; Liturgia popular, su sentido y su alcance; El arte de la Iglesia según el espíritu de la liturgia; Los santos del Misal; Sigamos la Santa Misa; El libro de la vida; La Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo; Los usos litúrgicos en el monasterio de Kloterneuburg.

A parte de su producción escrita, Parsch fue también un solicitado conferenciante y un profesor muy apreciado. Quizás su última aparición en público fue en las sesiones de estudio sobre la Eucaristía celebradas en Barcelona, con motivo del XXXV Congreso Eucarístico Internacional de 1952. Se hizo rogar no poco para asistir y allí tuvo una de las ponencias más celebradas como me contó, años ha, el secretario del comité organizador, el Dr. Isidro Gomà Civit.

A poco de su regreso a Austria, en los últimos días del mes de julio de 1952, un ataque de apoplejía le dejó completamente paralizado. Pese a lo cual, todos los domingos, se hacía llevar, en camilla, a la iglesia para celebrar, con sus hermanos los canónigos regulares, el día del Señor. El 11 de marzo de 1954, rodeado del afecto de todos los miembros de su monasterio, paso a celebrar la Pascua eterna.

El Año Litúrgico, fue, sin duda, su obra más celebrada. La empezó, Parsch, en forma de un simple calendario con notas marginales aclaratorias sobre los diversos tiempos y fiestas principales del año. Sucesivamente, fue intercalando anotaciones históricas, pasajes del Oficio Divino y consideraciones basadas en los formularios de las misas. Se convirtió, finalmente, en un verdadero vademécum para todos los fieles de lengua alemana. Desde su aparición en 1923, se multiplicaron las ediciones con gran celeridad y llegando a alcanzar tiradas de cen tenares de miles de ejemplares. Sólo en tres años, 1927-1930, se vendieron unos 90.000. Idéntico entusiasmo suscitó entre los fieles de otras lenguas. A partir de 1931, en que se publicó en toda su extensión, refundido y ampliado, aparecieron las ediciones en francés, italiano, holandés, húngaro, japonés, sueco, portugués, inglés y castellano.

Pius Parsch se fija más en el contenido teológico que en los aspectos arqueológicos e históricos de la liturgia, pero sin desecharlos. Con una fina sensibilidad de artista, da unas pistas intuitivas para introducir al fiel en el misterio que se celebra, más que para aturdirle con disquisiciones de gabinete que lo pierdan y lo aturdan. Prescinde de adornos literarios y, como he indicado más arriba al hablar de la edición compendiada (trata sólo de lo que se refiere al Misal) en castellano, prefiere la claridad, la esquematización y la exposición sobria y sistemática adaptada a todos los niveles de los posibles lectores.

Dom Pius desea que, en el itinerario de la celebración anual de los misterios, el fiel pueda ir entrando en el meollo del misterio de Cristo celebrado recurrencialmente, pero en perpetua novedad por la Esposa de Cristo que es la Santa Iglesia. En la fidelidad a este itinerario, el fiel podrá ir descubriendo el sentido pascual del domingo, el aspecto escatológico (por él intensamente subrayado por doquier), la plenitud de la Pascua, con su preparación, la Cuaresma espléndidamente desbrozada, el sentido cristológico, pero subordinado, del ciclo navideño, la importante recurrencia de la Témporas, etc.

De la mano de Pius Parsch, el católico del segundo y tercer cuartos del siglo XX, pudo conocer, asimilar y, sobretodo, vivir la gran experiencia sacramental y celebrativa que es el Año Litúrgico y que la Constitución Sacrosanctum Conclilium del Concilio Vaticano II puso, tan vigorosamente, de manifiesto.

Hemos de agradecer, a nuestro hermano el canónigo regular de San Agustín, Pius Parsch, el buen trabajo hecho y los frutos que el mismo ha dado. Pero, también, que avant la lettre respecto al Vaticano II, y de una forma muy acorde con el espíritu, callado y eficaz, de la Orden Canonical, nos introdujera, de forma clara y teológicamente aceptable, en algo que no es accesorio, sino fundamental, en la Iglesia de Cristo: el culto sagrado. En una época de vuelta al oropel de lo fácil y extrínseco, es quizás importante recordar a los atletas, esforzados como éste en la lucha, para que lo necesario y fundamental en la Iglesia no sucumba ante lo fácilmente vendible, ante lo completamente accesorio y ante el intento denodado de querer convencernos que en el Reino se entra por el camino ancho y por la puerta grande.


            [1] Cfr. K. Rudolf, Dr. Pius Parsch – in piam memoriam, in: Der Seelsorger 14 (April 1954) pp. 289 ss.; – J. Zabel, Pius Parsch, Wegbereiter der liturgischen Erneuerung, Königstein 1970; – J. Weismayer, Volksfrömmigkeit und echte Spiritualität, in: Liturg. Jahrbuch 1978, pp. 215-230; – N. Höslinger, Th. Maas-Ewerd (Eds.), Mit sanfter Zähigkeit, Pius Parsch und die biblisch-liturgische Erneuerung, Klosterneuburg 1979; – Fr. Heer, Pius Parsch, Erneuerer der Liturgie, in: Bruno Moser (Ed.), Große Gestalten des Glaubens. Leben, Werk und Wirkung, München, 1982, pp. 107-114; – Fr. Loidl, Geschichte des Erzbistums Wien, Wien 1983, p. 309; – N. Höslinger, Der Prophet ist nicht verstummt, in: Bibel und Liturgie 57 (1984) H. 1, 4-9; – Herder-Lexikon VII, 1955, 121; – LThK VIII, 1963, 111; – Brockhaus XIV, 1972, 260.

            [2] Cfr. Loonbeek, R. – Mortiau, J., Un pionnier: Dom Lambert Beauduin (1873-1960). Liturgie et Unité des chrétiens, t. I, Louvain-la-Neuve – Chevetagne, 2001, pp. 57-250.

            [3] Das Jahr des Heiles, 3 Bde, 1923 u. ö.; Opfere mit der Kirche, 3 Bde (Meßbuch), 1930; Kurze Meßerklärung, 1930; Lernet die Messe verstehen, 1931; Liturgische Erneuerung, 1931; Liturgische Predigten, 1931; Aus dem Gebetbuch der Kirche, 5 Bde, 1931/33; Volksliturgie, 1940; Die liturgische Predigt, 10 Bde, 1948-55; Breviererklärung, 1949; Hrsg. von Zeitschriften: Bibel und Liturgie, 1926 ff.; Lebe mit der Kirche, 1928-52.

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