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SINODALIDAD REAL

  1. San Pablo VI, el 26 de marzo de 1967, en su encíclica “Populorum progressio” advertía:
    1. Choque de civilizaciones. 10. Por otra parte, el choque entre las civilizaciones tradicionales y las novedades de la civilización industrial rompe las estructuras que no se adaptan a las nuevas condiciones. Su marco, muchas veces rígido, era el apoyo indispensable de la vida personal y familiar, y los viejos se agarran a él, mientras que los jóvenes lo rehúyen, como un obstáculo inútil, para volverse ávidamente hacia nuevas formas de vida social. El conflicto de las generaciones se agrava así con un trágico dilema: o conservar instituciones y creencias ancestrales y renunciar al progreso; o abrirse a las técnicas y civilizaciones que vienen de fuera, pero rechazando con las tradiciones del pasado toda su riqueza humana. De hecho, los apoyos morales, espirituales y religiosos del pasado ceden con mucha frecuencia, sin que por eso mismo esté asegurada la inserción en el mundo nuevo.
    2. Conclusión. 11. En este desarrollo, la tentación se hace tan violenta, que amenaza arrastrar hacia los mesianismos prometedores, pero forjadores de ilusiones. ¿Quién no ve los peligros que hay en ello, de reacciones populares violentas, de agitaciones insurreccionales y de deslizamientos hacia las ideologías totalitarias? Estos son los datos del problema, cuya gravedad no puede escapar a nadie”.

2. 54 años más tarde, hemos de apreciar la claridad, la sagacidad, la gran intuición y la confirmación en la historia reciente del pensamiento de un gran hombre y de un santo pontífice romano. La ‘relectura’ y el intento de salvar la letra pero de traicionar el espíritu del Concilio Vaticano II ha producido la aparición del pelagianismo católico moderno. Es el intento de presentar un catolicismo más semejante a una especie de estoicismo radical con mucho del ideal masónico de superación y éxito personal, que basado en la iniciativa divina de la vocación cristiana personal y de colaboración del individuo con la gratuidad de la gracia increada de Dios.

3. Es ese nuevo pelagianismo católico el gran defensor de todas las inmovilidades para defender un marco, muchas veces rígido, como apoyo indispensable de la vida personal y familiar. Es así como los ‘tradicionalistas’ se agarran a él, mientras que, en realidad, los más jóvenes lo rehúyen, como un obstáculo inútil, para volverse ávidamente hacia nuevas formas de vida social.

·4. Esta situación anómala, ya profetizada por la “Populirum progressio”, presenta un catolicismo muy preocupado por los temas ecológicos y sociales, más de ‘boquilla’ que de compromisos reales y concretes, pero sin una respuesta real y concreta para el dualismo ya indicado y no resuelto ni por el pelagiano-catolicismo, ni por el populismo rompedor de un cristianismo protestantizado.

5. ¿Cómo hay que vivir el ‘Evangelio’ en el siglo XXI? ¿Hay alguna respuesta radical y al mismo tiempo social, como la que propuso Francisco de Asís en el siglo XIII? Pues la Iglesia Católica tiene ya que abandonar el proyectismo burocrático de las reuniones interminables y casi infinitos y entrar en un camino conjunto, eso significa ‘synodos’ en griego, para dar una respuesta válida a tantos jóvenes que la reclaman y que supere la pura y simple venta de una tradición de anteayer con algún retoque progresista.

Jaume González-Agàpito

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