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HISTORIA CRÍTICA DE LA CRÍTICA HISTÓRICA SOBRE LOS ORÍGENES DEL CRISTIANISMO: IN PRINCIPIO ERAT SPINOZA. 2. LA ESCRITURA INTERPRETADA POR LA MISMA ESCRITURA

1. La crítica religiosa de Spinoza se presenta, de entrada y globalmente, como una crítica radical de los presupuestos fundamentales del pensamiento religioso judío: transcendencia de Dios, su absoluta espiritualidad, su libertad creadora, la libertad de gobierno que ejerce sobre el mundo y el poder real y judicial que ejerce sobre los hombres.

Su religión filosófica va por el camino de la “filosofía verdadera”, es decir, el conocimiento adecuado de las cosas en sí mismas y de Dios. Fruto de nuestro entendimiento, en cuanto contiene objetivamente la idea de Dios y conoce las cosas únicamente según sus propias leyes, ésta es una religión natural, no sólo por excluir todo misterio y ser accesible a todo hombre, sin necesidad de inspiración profética, sino también por acomodarse perfectamente a la naturaleza del alma que, al seguir el itinerario prescrito por la ”filosofía verdadera”, reconoce necesariamente que es participe de Dios y que Dios es la fuente de su ser.

Es a la vez teórica y práctica: teórica, en cuanto nuestra alma contiene en si la idea de Dios, pudiendo elaborar ciertas nociones que explican la naturaleza de las cosas; práctica, porque, dado que el conocimiento verdadero transforma nuestro modo de existencia, nos enseña también el buen uso de la vida fundada en el principio de la generosidad y de la amistad.

2. Spinoza dice que la ”filosofía verdadera”, al ser connatural a la religión filosófica, es comunicable y quiere ser comunicada. Ahora bien, todos los hombres viven en comunidades políticas en las que la “libertad de filosofar” no está siempre garantizada. En los países cristianos, este es el caso de la “libre Holanda”, esta libertad tropieza continuamente con el prestigio y la insolencia abusiva de los predicadores y teólogos que, con sus prejuicios, impiden que los hombres se consagren a la filósofa, la cual, mediante la luz que aporta a los hombres, permite precisamente disipar cualquier clase de prejuicios. 

“Quiero defender por todos los medios la libertad de pensar y expresar mis sentimientos”, escribe Spinoza a Oldengurg. No por la violencia, desde luego, pues en el seno de esta sociedad se halla legítimamente reservada al Estado, sino por todos los medios de la argumentación y de la persuasión”.

3. El primer medio, en el terreno de las religiones de inspiración bíblica, consiste en mostrar que, al invocar las Escrituras y combatir la filosofía, los teólogos dan prueba de impostura: falsifican la palabra de Dios, o desvariando con ayuda de la razón mediante curiosas interpretaciones cuando hacen uso del método alegórico, con el pretexto de respetar la letra, aceptan, sin poner en cuestión la historia misma del texto, todas las incoherencias, inverosimilitudes y absurdos que abundan en él.

Sea por convicción, sea por prudencia, Spinoza admite que el mensaje que nos transmiten los libros de la Escritura es desde luego sagrado, pero que no se podría comprender su verdadero sentido más que poseyendo un método para descifrarlo correctamente. El gran descubrimiento de Spinoza en este campo es el principio de “la interpretación de la Escritura por si misma”.

Interpretar la Escritura por la mima Escritura quiere decir primeramente que es necesario interpretar la Escritura sin ninguna referencia a la filosofía, no ya a los prejuicios filosóficos, sino ni siquiera a la “filosofía verdadera”. 

El reino de la filosofía y el de la fe son completamente distintos. La razón filosófica, sistema de ideas adecuadas, no tiene prerrogativa alguna para aclarar la lectura de la Escritura. Las doctrinas filosóficas, aunque sean verdaderas, resultan igualmente ideas preconcebidas, obstáculos para captar el verdadero sentido de los textos. Seguir la razón en la interpretación de Escritura es solamente por exigencia crítica y por el sentido común, rechazando la autoridad de las tradiciones, en cuanto la legitimidad de estas se deriva sólo de su antigüedad y eliminando las incoherencias en la exposición y sobre todo en las enseñanzas de las Escritura.

4. Sin embargo, el principio de la interpretación de la Escritura por sí misma tiene también un sentido positivo. Desde Galileo los físicos renunciaron a explicaciones finalistas ligadas a la idea de un Dios transcendente. La explicación física no debe desbordar los límites de la naturaleza: tal explicación se propone determinar las “cosas singulares y cambiantes mediante un uso apropiado de la observación y de la experimentación” y relacionarlas con la serie de “cosas fijas y eternas”, es decir, con las “leyes del movimiento y del reposo”, inscritas “como en un código” en los modos infinitos e inmediatos de Dios. 

Ahora bien, lo que la experimentación es para la interpretación de la naturaleza, lo es la comparación histórica, sociológica y filológica para la interpretación de la Escritura. La interpretación de la “Escritura por la Escritura requiere una investigación histórica: crítica de autenticidad, de procedencia, de comprensión y de credibilidad, cuyo resultado, gracias la método comparativo, será la determinación de un cierto número de conceptos, como el de profecía, de profeta, de revelación, de ‘elección’ del pueblo judío, de Reino de Dios, que se convierten en utensilios intelectuales que deben servir para extraer el contenido de la fe, la doctrina universal, fundamento de todas las enseñanzas de Escritura y de todas las reglas particulares que nos prescribe para las diversas circunstancias.

Jaume González-Agàpito

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