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¿LA IGLESIA ES UNA Y SANTA O MÚLTIPLE Y PECADORA? ¿ES VISIBLE O INVISIBLE? LA RESPUESTA DE JOHN WYCLIFFE

November 30th, 2018

1. Los primeros protestantes, formularon la gran pregunta: ¿Dónde está la verdadera Iglesia? ¿La Iglesia es una y santa o múltiple y pecadora? ¿Es visible o invisible? Seguían en ello, unas intuiciones más antiguas que intentaron salvar la unidad de la Iglesia, sacrificando, a veces, su visibilidad. Las “comunidades espirituales” como los valdenses, las corrientes reformistas proféticas como la de Gioaacchino da Fiore († 1202) y la expresión que habían encontrado en John Wycliffe (†1384) y Jan Huss (†1415) insistieron sobre ello.
Parece que no hubo, de todos ellos, una dependencia literaria directa en los primeros reformadores protestantes, pero, sí evidentemente fueron una especie de preparación. Quizás deban a Huss o a Wycliffe su idea de “Iglesia invisible” o su introducción de la predestinación en la eclesiología. Agustín de Hipona contó en ellos para algo, pero estas ideas eran directamente exigidas por el sentimiento y la vivencia de una tensión entre las formas humanas de la Iglesia y lo que en ella es de Dios.

2. John Wycliffe recibió el influjo de Ricardo Fitzralph, en el sentido agustiniano de un condicionamiento del dominium (posesión) legítimo por el estado de gracia, en el sentido reformado. Wycliffe ataca esencialmente la riqueza y las pretensiones temporales del clero, cosas de las que, como los señores temporales, querían disfrutar (cfr. De dominio civili). Las ideas eclesiológicas, consecuentemente, vieron en segundo lugar.
En su De Ecclesia, y sobre todo en la tercera parte, cc. 13ss., (año 1378), es donde Jonh Wycliffe se dedica a fundamentar sus ideas eclesiológicas en un determinado concepto de la Iglesia, “de quidditate Ecclesiae“. Wycliffe rechaza el concepto de los canonistas e incluso el concepto de los teólogos, que definen a la Iglesia por la profesión de la verdadera fe, la de los apóstoles, de los Padres y de los concilios y, también, como una institución sacramental nacida del costado de Cristo en la cruz, como Eva del costado de Adán. Se trataba, en estas definiciones, del concepto tradicional, elaborado ya en la Edad Media, para designar, con precisión, a la institución eclesial divino-apostólica y visible.

3. Si Wycliffe lo rechaza es porque quiere una Iglesia espiritual, definida por un elemento puramente divino. Este elemento es la predestinación. Lo que constituye a la Iglesia y realiza su unidad es el amor predestinante de Cristo: la Iglesia debe ser, por tanto, definida y definible en estos parámetros. Su quiddidad consiste en el conjunto de todos los predestinados, congregatio omnium praedestinútorum (c.1 p.2; c.17 p. 408s). De esta manera, es Cristo, desde siempre, su jefe. Por esta causa, la Iglesia es el Cuerpo y la Esposa de Cristo (p. 2s. 79. 12), y es nuestra Madre. Estos son títulos muy caros a Wycliffe, pero que no elabora.
En este sentido, Wycliffe comenta el texto de Prov 31, sobre la mujer fuerte (c. 2). La Iglesia existe, como decían los Padres de la Iglesia, desde los orígenes del mundo. Cuenta como miembros suyos a los justos del Antiguo Testamento, a los ángeles y a los santos del cielo. Y, como puede ocurrir que los predestinados sean pecadores en un momento dado del tiempo y, por el contrario, que los réprobos estén en estado de gracia, el verdadero ser de la Iglesia aparece en su naturaleza escatológica (cfr. cc.17-J8 y 20 p. 475).

4. Por lo tanto, únicamente los predestinados son verdaderamente miembros de la Iglesia. Los otros pueden estar in Ecclesia, pero no son de Fcclesia (p. 89, p. 442). Los réprobos, presciti, al no ser miembros de la Iglesia, no pueden tener, de Dios, un oficio en la Iglesia (c. 19, p. 441s). Ahora bien, el papa podría ser uno de ellos y, entonces, no sería ya capitaneus de la Iglesia de Dios (p. 5. 29. 32. p. 464).
Wycliffe no ignora que, de esta manera, plantea el problema de que la verdadera Iglesia sería discernible exclusivamente por Dios. Pone esta objeción (c. 4 , 77), y responde a ella en un sentido amplio (p. 89), afirmando que el creyente tiene en la fe un conocimiento suficiente (p. 90), e incluso un discernimiento de los verdaderos prelados (c. 6, p. 141), aun admitiendo que un ministro reprobado distribuya los sacramentos, que son válidos en beneficio de los demás. Esto, por lo demás, carece de importancia, porque, en la Eucaristía, por ejemplo, únicamente tiene valor la comida espiritual o el fervor (cfr. pp. 457- 458).
Cuando trataba del papa, Wycliffe admitía, en 1378 y en 1379, (De potestate Papae c .4, p. 62) la idea de una representación terrestre de Cristo. Pero, si el papa no imitaba a Cristo en sus virtudes, y sobre todo en su pobreza, era el anticristo (o.c., c.6, pp. 1 y 8). Posteriormente, Wycliffe endureció su posición y la convirtió en la negación de la institución papal.

5. Las tesis de Wycliffe fueron censuradas por las autoridades universitarias y eclesiásticas, que se interesaron, por lo demás, no en su fondo eclesiológico, sino en sus consecuencias jurídicas y morales (cfr. la Carta Super periculosis, de Gregorio XI, 27-5-1377 [DSch 1121-1139; Sínodos de Londres, 1382 y 1396; Sínodo de Roma, 1412. La condenación de las 45 proposiciones por el Concilio de Constanza (4-5-1415, Dz 581-625; DSch 1151-1195) atañe a las tesis que subvertían todo orden eclesiástico.
En el fondo, fue la reincidencia de Jan Huss lo que movió a los prelados contra las tesis propiamente eclesiológicas de John Wycliffe. Las tesis eclesiológicas de Huss, censuradas el 24-9-1414 por la Universidad de.París, fueron igualmente condenadas por el Concilio de Constanza (6-7-1415). Los teólogos no dejaron de discutir y de refutar. Contra Wycliffe escribió Adam Easton (de 1378-1380) un Defensorium ecclesiasticae potestatis y el carmelita Thomas Netter de Walden (entre 1415 y 1429) su amplio Doctrinale antiquitatum fidei Ecclesiae catholicae. El libro segundo de esta compilación de controversia es eclesiológico (De Corpore Christi quod est Ecclesia et de membris eius variis. Hace una apología del papado tal y como lo conocía la Edad Media, es una exaltación de la autoridad de la Iglesia (ella es la infalible) contra el biblismo wycleffiano; finalmente, afirma la pertenencia a la Iglesia de los reprobi.

Jaume González-Agàpito


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