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LA PEDERASTIA DEL CLERO SILENCIADA, ENCUBIERTA Y DISIMULADA

November 15th, 2018

1. Ahora hace más 20 años que el Defensor de Justicia, Fiscal de la Archidiócesis de Barcelona, que era un servidor de ustedes, sufrió su Viacrucis y personal Calvario.
Se habían descubierto una serie de delitos en el clero barcelonés. Incluían, desgraciadamente, la pederastia. Una de sus más tristes y trágicas víctimas, se suicidó.
El Fiscal, que es doctor en Derecho y Abogado nº 10.965 del Colegio de Barcelona, propuso al Arzobispo, Mons. Ricardo Carles Gordó, que se debía denunciar a la autoridad civil aquellos delitos contemplados en el Código Penal. La reacción fue totalmente contraria. Se quiso continuar la equívoca política respecto a la cuestión del pontificado del cardenal Narciso Jubany Arnau en la que actuaron los Rvdos. Lluís Martínez Sistach, Jaume Traserra Cunillera y Carles Soler Perdigó. El silencio, el encubrimiento y la inacción eran la norma, que algún clarividente prelado atribuía a la Santa Sede.
Sólo cuando apareció, en Valencia, una víctima vinculada familiarmente con Mons. Ricardo Carles y apareció otro individuo indicado como parte delictiva, perteneciente a una familia barcelonesa muy “de Misa”, el asunto empezó a interesar personalmente al Arzobispo.

2. Pero empezó también la guerra contra el Fiscal, cada vez más feroz y encarnizada. Se trataba de evitar que aquella persona obtuviera ningún cargo de responsabilidad en la Iglesia. Se le acusó de todo lo que podía ofender, en el sujeto, a la ley divina y a las leyes humanas, seculares y canónicas. La bondad del Nuncio Apostólico de la época y el desconcierto del Arzobispo Carles, me hicieron conocer casi todo de lo que se me acusaba. Con gran dolor y con una inmensa decepción me vi calumniado de ciertos delitos que esos mismos acusadores, tenían ellos sí, registrados y muchos probados, en la Fiscalía. Pero, era una época difícil y muy dura. Nada se podía denunciar a las autoridades seculares. Pero, casi todo lo que contra mí se decía, se lamentaba, pero se aceptaba al menos sólo el conocimiento. Se decía que eso lo imponía Roma. San Juan Pablo II nos proponía, también, a los presbíteros la persona y la obra de Marcial Maciel, como modelo y referencia para la vida personal.
En esas circunstancias, Ricardo Carles presidió un tribunal o algo parecido, como canonista nunca he sabido qué era realmente, contra el Fiscal, Mons. Jaume González-Agàpito. Al acto asistieron el Obispo auxiliar y moderador de la Curia, Mons. Joan Carrera, el Vicario judicial Mn. Francesc Xavier Bastida y, en un lugar muy discreto, el Secretario General del Arzobispado, Padre Enric Puig Jofra, S. J. En una palabra se quería desautorizar todo lo que el Fiscal había hecho contra los criminales sexuales y pederastas. Se quería advertir de forma autoritativa al Fiscal y parar su acción.

3. Con Benedicto XVI hubo un cambio fundamental: los delitos sexuales y la pederastia del clero se debían denunciar a la autoridad civil. Muchos no se dieron cuenta de lo que decía el Papa Benedicto hace 13 años. O, mejor, querían desconocer e interpretar de forma contraria lo que sostenía Benedicto XVI.
El ya ex-fiscal, sin embargo, se congratuló de que el Papa dispusiera lo que él mismo ya había propuesto 10 años antes. Pero se alarmó cuando vio que el nuevo Arzobispo de Barcelona movía ficha a favor de los inculpados durante el pontificado de Ricardo Carles y salvar que dos, al menos, se habían ordenado presbíteros con su firma en las letras testimoniales, cuando era Vicario General de Barcelona. Firma que Jubany negó siempre al Fiscal que fuera suya o bajo autorización, y que Mons. Jaume Traserra no podía dar: era sólo entonces el Secretario General del Arzobispado. Yo indiqué a Mons. Lluís Martínez Sistach que me constituiría en parte si la Santa Sede intentaba anular o contradecir lo que se había hecho en Barcelona.
Extrañamente también el voluminoso expediente de todo ello, que yo mismo con el Cardenal Ricardo Carles habíamos cerrado, sellado con lacre y depositado en la sección especial del Archivo del Arzobispado de Barcelona, había desaparecido. La copia, que con autorización de Carles yo conservaba la hice llegar, por petición del Nuncio, al actual Arzobispo de Barcelona.

4. Ayer el Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, Mons. José María Gil Tamayo en una entrevista con la agencia EFE, concedida una semana antes de concluir su mandato ya que será ordenado obispo de Ávila el 15 de diciembre y antes, el 20 de noviembre, se celebrarán elecciones al cargo de Secretario General de la CEE, ha dicho que, respecto a los delitos de pederastia del clero:

1. Durante años la Iglesia ha guardado un “silencio cómplice” ante los delitos de pederastia del clero.
2. La Iglesia se ha enmarcado en el mismo contexto de “inacción de toda la sociedad española” ante estos delitos.
3. “Es verdad que la Iglesia está obligada a un testimonio más coherente que nadie, pero esto no exime al resto de asumir su cuota de responsabilidad en esta cultura común compartida de silencio”.
4. La ‘inacción’ de la Iglesia ha sido la misma que la de toda la sociedad española.

5. Este nuevo Obispo de Ávila, dijo más cosas que el lector encontrará fácilmente. Pero, más de 23 años después de lo que sufrimos en Barcelona y que se ha prolongado después como he intentado esbozar hasta aquí, celebro que la jerarquía católica de España, por boca del Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, diga ya que hay que hacer lo que algunos ya apuntamos, Benedicto XVI determinó y el gran Papa Francisco ha impuesto, con gran energía y con su autoridad apostólica.

Jaume González-Agàpito


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